Tiempo secuestrado
Reflexión crítica sobre la sociedad del cansancio
¿Por qué sentimos que nunca tenemos tiempo?
Terminamos el día agotados después de atender urgencias constantes, responder mensajes, correr de una tarea a otra y sentir, aun así, que nunca es suficiente.
Puedes lograrlo. Sé tu mejor versión. Nunca pares. Aprovecha el tiempo.
Estos mensajes, aparentemente motivadores, esconden una nueva forma de violencia: la autoexplotación. Ya no hace falta una autoridad visible que nos imponga disciplina.
Nosotros mismos nos exigimos rendir más, responder rápido, permanecer conectados y transformar cada experiencia en algo útil, rentable o productivo. Incluso el ocio se convierte en rendimiento.
Rechazamos la demora. Habitamos la urgencia. Sentimos culpa si paramos. Vivimos en la sociedad del cansancio, un concepto desarrollado por el filósofo Byung-Chul Han.
Tiempo secuestrado surge como una respuesta a la aceleración permanente y al agotamiento de la autoexplotación. Las obras han sido creadas mediante la decoloración de tejidos expuestos al sol durante meses —muchos de ellos a lo largo de un año— como un gesto político y contracultural frente a una sociedad incapaz de detenerse. Aquí la adaptación a la espera es innegociable.
Los tejidos registran el desgaste y el cansancio como metáfora de una sociedad devorada por un tiempo frenético. Cada obra reivindica la contemplación y la recuperación de experiencias improductivas.
Aquí el tiempo no se optimiza: se habita.
Los ritmos lentos son una forma de resistencia.
Descansar sin culpa es desobediencia.
Solo al parar comprendemos que nos han secuestrado el tiempo.












